Una de las iniciativas que el Consejo de Ministros aprobó recientemente es la de modificar la Ley Orgánica 17/2006 de 5 de Junio de RTVE. Concretamente se plantea reducir el número de consejeros, y lo que es más polémico, el nombramiento del presidente de la Corporación de la televisión pública.
Hasta ahora el artículo 11.4 de la citada Ley Orgánica exigía una mayoría de dos tercios en el Congreso de los Diputados para la designación de este cargo. Sin embargo este precepto estaba regulado en virtud de una Ley Orgánica para cuya aprobación basta la mitad más uno de los diputados. O lo que es lo mismo: para elegir al presidente de RTVE se necesitaban 234 votos porque lo establecía una ley aprobada por 176 diputados y modificable por el mismo número.
Esta modificación lejos de constituir un atropello democrático , como la han calificado algunos, supone una racionalización de nuestro ordenamiento jurídico. No tiene sentido que las leyes le pongan trabas al funcionamiento de los organismos públicos cuando estas trabas carecen de obligatoriedad constitucional.
Hoola. El problema no es el RD en sí, sino las consecuencias que puede traer. Las televisiones públicas regidas por Gobiernos del PP han demostrado ser una plataforma de propaganda política en lugar de un servicio público.
ResponderEliminarRTVE se desmarcó de esa dinámica pero muchos temen que eso se repita de nuevo.
Citaré un ejemplo:
Oí las críticas de Cospedal sobre Ana Pastor (la periodista de los desayunos de RTVE), de la que decía que no era imparcial en sus entrevistas (siendo amable). No creo que tenga razón. Creo que esas acusaciones fueron la consecuencia de una entrevista con preguntas incomodantes, léase exigentes. Las entrevistas de Ana Pastor son igual de incisivas independientemente del color político de los entrevistados. Las suelo ver y lo he comprobado.
La calidad de las entrevistas políticas se ve en la dureza de las preguntas y en la independencia del entrevistador.
Te recomiendo, por ejemplo, que veas la entrevista que le hizo Iñaki Gabilondo a Felipe González en 1995, con preguntas muy molestas sobre los GAL. Eso me parece un ejemplo de periodismo imparcial.
Y otro ejemplo en sentido contrario es la última entrevista de Gloria Lomana a Mariano Rajoy, con preguntas amables y pactadas, que parecía más un discurso que una entrevista.
El resultado se verá en seguida si se decide poner supervisores políticos en los informativos (léase censores).
Yo lo veo con cierto temor,... veremos qué pasa.